viernes, 7 de diciembre de 2007

Abraham Valdelomar - Finis Desolatrix Veritae (1888 - 1919)

El Conde de Lemos, como se hacia llamar este gran narrador peruano, nos hace entrega de uno de sus mejores relatos: Finis Desolatrix Veritae, tratado de la desilusión religiosa que bordea lo fantástico y lo bizarro. El hombre creyente, que se aferra a la ilusión de su fe, y el Redentor agnóstico, sufriendo la agonía de la realidad eterna, crean una atmosfera llena de tensiones y desengaños.


Finis Desolatrix Veritae

Cuando me incorporé tuve la sensación de haber sido animado por una corriente eléctrica. Mi esqueleto estaba intacto y podía mover los miembros sin dificultad, en el trágico paisaje. Sobre la estéril extensión nada acusaba a la vida. Todo lo que alguna vez fuera animado, todo lo que surgiera sobre la tierra por el raro soplo del germen, los edificios, los árboles, los hombres, las aguas, el ruido del mar, todo había concluido. Me encontraba sobre una yerma extensión despoblada. En el horizonte ilimitado y oscuro, nada se destacaba sobre el suelo. El Sol, como un foco enorme y amarillo, estaba inmóvil en el vasto confín, y ya sus rayos fríos no animaban la tierra. Enormes masas negras de nubes inmóviles encapotaban el cielo. A mi derredor había un gran hacinamiento de huesos y era dificultoso ver el suelo. De pronto sentí una vibración uniforme que agitaba todos los despojos. Como movidos por una corriente eléctrica intermitente, los huesos pugnaban por levantarse y volvían a caer sin movimiento, como desmayados. El tinte pálido del Sol, ya muerto, animaba cloróticamente aquella doliente visión.

Entonces vínome a la memoria, después de grandes esfuerzos, el pasado. Me parecía haber despertado de un sueño rápido. Hice recuerdos y coordiné lo siguiente: Yo estaba la última vez en mi lecho. Una luz pálida iluminaba mi alcoba y un amigo, mi médico, teníame el pulso, grave, sin pronunciar una palabra. De pronto entraron en mi habitación mi madre y mis hermanas. Sentí un cuchichear de voces, vi caras entristecidas, y a una palabra del médico, rompieron a sollozar. El médico hizo una seña. Ya no podía moverme; había perdido el dominio sobre mí mismo y los párpados caían sobre mis ojos, pesadamente. Pero mi conciencia estaba perfectamente clara. Oía aún los sollozos; sentí que alguien, mi madre, me abrazaba llorando; sentí que un Cristo de metal descansaba en mi pecho; una mano puso frente a mis labios un espejo, y después todo se desvaneció.

Yo debí ser sepultado, naturalmente en el cementerio de mi pueblo. El cementerio no distaba un kilómetro de la ciudad; nosotros poseíamos un mausoleo. ¿Por qué, pues, me encontraba yo en este desolado paraje, cuando el espíritu volvía a animar mi esqueleto en esta hora definitiva?

¿Quién podía haber trasladado mis restos a este extraño lugar? Por otra parte, ¿dónde estaban mis seres amados? ¿Por qué me encontraba yo solo en medio de tantos despojos? Una duda mortal y fría me lastimaba. Extendí la vista para buscar en la extensión gris algo tangible a qué poderme referir y vi lejos, muy lejos, sobre la enorme extensión de huesos, un esqueleto que como yo, se elevaba en aquel campo de desolación. Sobre la gran cantidad de huesos se incorporaban ya algunos esqueletos que trataban de ponerse en pie; pero volvían a caer sin ánimo sobre la tierra. Me encaminé con dificultad entre las óseas capas hacia el esqueleto. A mi paso cruzaban de repente, con velocidad, tibias, omóplatos y cráneos que iban a reunirse con sus cuerpos. Llegué donde el esqueleto que, solemne y grave, se erguía. Miraba con tristeza desgarradora aquella extensión y no se dio cuenta cuando yo, acercándome, me puse a su lado.

- ¿Quién sois, espíritu, y dónde estamos? -le dije.

No respondió.

- ¿Qué ha sucedido? ¿Qué extraña pesadilla es ésta? ¿Por qué me encuentro aquí? ¿Vos no podríais responderme? ¿Quién ha animado mis huesos? ¿Quién me ha dado de nuevo estos sentidos que me permiten razonar? ¿Por qué mi cuerpo ha venido a aparecer aquí? ¿Qué tiempo hace, decidme, que desaparecí de la vida? ¿Dónde están mis seres amados? ¿Es esto la tierra? ¿Es aquel el Sol? Habladme, por vuestros más caros recuerdos, dadme una luz que amortigüe esta duda cruel… ¿Estamos acaso en el infierno?...

El esqueleto no me respondía.

- ¡Decidme, por Dios, una palabra! ¿Qué tiempo hace que yo dejé de ser?... Yo era de un país joven, de un continente nuevo; cuando yo vivía, la vida era buena, los árboles alegraban el mundo, los ríos corrían desbordados, un soplo de actividad hacía evolucionar lo creado. ¿Dónde estamos?...

- En la tierra.

- Pero ¿y el tiempo?

- Ya no hay Tiempo.

- ¿Y el Espacio?

- Ya no hay espacio.

- ¿Y el Sol?

- Véle allí, que agoniza; ya está inmóvil.

- ¿Qué ha pasado por el mundo?

- Los siglos.

- ¿Estamos, pues, en el fin? ¿Hemos sido llamados por Dios?...

- ¡Quién sabe!

- ¿Vendrá ahora una manifestación divina, seremos destinados tal vez a otro planeta, a otra vida?...

- ¡Quién sabe!

- ¿Han pasado muchos siglos? ¿La humanidad ha vivido mucho tiempo? ¿Dónde está el progreso de los hombres? ¿Nada ha quedado, acaso, de todos los esfuerzos, de todas las preocupaciones; ha podido el tiempo destruir tantas cosas magníficas?

- ¡Quién sabe!

- ¡Habladme, por Dios! Dadme una luz, sacadme esta tortura o dejadme en la nada, pero no prolonguéis este estado de laceración. ¿Esta noche terminará? ¿Habrá una nueva aurora?

- ¡Quién sabe!

En la extensión desolada y sombría, algunos esqueletos comenzaron a moverse y a animarse. Caminaban lejos de nosotros, en diversas direcciones.

- ¿Vos sois acaso cristiano? ¿Conocisteis y amasteis a Cristo?

- Tú hablas de Cristo. ¿En tu tiempo aún se le conocía? ¿Eres tan viejo? Otras regiones se sucedieron en el mundo. Muchas vueltas dio la Humanidad. Hubo otros profetas, otros ideales, otras religiones, y tantas, que la Humanidad dudó un día que Cristo hubiera existido y que su religión hubiera tenido prosélitos.

- Eso es imposible. Cristo vive en el cielo. Cristo me salvará. Cristo está a la diestra de Dios, él era el Hijo de Dios, él velaba por la especie y por el Espíritu humano.

- ¡Quién sabe!

- Cristo, a la hora final del Universo, vendrá a buscar a sus hijos, intercederá por ellos ante Dios, les dará una mansión de bienaventuranzas…

- ¡Quién sabe!

- Allí nos reuniremos todos los que en vida nos amamos. Allí encontraremos a nuestros seres queridos. Allí el espíritu de los buenos tendrá una dulce consolación.

- ¡Quién sabe!

- Mi alma y mi cuerpo serán vueltos a la vida. Y mis amados serán vueltos a la vida y todo lo que fue volverá a ser.

- Tú no eres tú. Tú no fuiste tú. Tú no serás tú. Tu cuerpo venía de la tierra. Lo que fue un día en la vida tu sangre, había sido antes la vida latente de una serie de sustancias. Tu sangre vino del mineral que absorbe la planta y que dio el dulce fruto de nutrición a tu padre; en tu sangre había gases de la atmósfera que alimentaron los pulmones del que te engendró. En tu cerebro había neuronas que se componían de sustancias químicas y que se animaban al calor del Sol, al efluvio de los cuerpos compuestos, al estímulo de excitantes diversos. Todo tú, eras sacado de la naturaleza. Cuando volviste a la tierra, tus gases descompuestos ardieron en el fuego fatuo y se descompusieron en el aire; tus grasas alimentaron la tierra y dieron savia a los árboles del cementerio, de tu cerebro salieron gusanos, que dieron vida a las crisálidas, y un día las crisálidas levantaron sus finas alas en la limitada extensión del ataúd, en las sombras, y murieron, y también fueron nuevos gases que filtraron el zinc de tu caja. En tu cuerpo había aceites que penetraron en la madera y la pudrieron; en tus huesos había sales y sustancias que se descompusieron y se disgregaron y abonaron las raíces que los árboles buscaban. Un día nada quedó de tu cuerpo. Todo lo que formaba la armonía de tu ser, está hoy repartido. Una parte fue a convertirse en la madera de un mueble; otra parte, vegetal, fue a filtrarse en las neuronas de un hombre; los minerales sirvieron de componentes a una fortificación de guerra; algo de ti fue al espacio con otros elementos. Tú estás disgregado en la Naturaleza. Pero ya el sol no anima y la sustancia no vibra, y todo, todo, ha concluido definitivamente…

Ahora somos una vana imagen intangible; somos un recuerdo; pero toca tus miembros, busca tus huesos; no encontrarás nada, nada.

Y toqué mis miembros y nada era perceptible. Yo era una especie de efluvio, una idea, algo intangible, vago.

- Pero la humanidad no puede perecer así. Tenemos un fin. Yo soy creyente. Yo creo en Dios.

- Dios era lo que animaba el mundo y ya ves que no existe el mundo. ¿Dónde está, pues, Dios?

- Dios existe y es eterno. Él vendrá por sus hijos. Jesucristo me acompaña. Yo creo que él vendrá; él es la esperanza, el áncora de salvación del mundo. Él se sacrificó por los hombres…

- ¡Quién sabe!

- Él no puede abandonar a los suyos. Vamos a invocarle. Vamos en pos de él. Recemos. Recemos, por Dios, recemos; la oración nos acercará al Creador. Jesucristo oirá nuestras plegarias.

El esqueleto quedó un gran momento silencioso, con la calavera inclinada sobre el esternón, en desoladora actitud.

Yo comencé a rezar, espantado, contrito, poseído por un pavor trágico: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador del cielo y de tierra…

- No reces, es inútil.

- ¡Madre mía, madre mía! ¿Dónde estás? ¿Por qué no oyes mis clamores? ¿Por qué abandonas a tu hijo? ¿Dónde están tu espíritu, tu amor inmenso, tu abnegación y tu martirio? ¡Madre mía, madre mía! -gritaba yo desconsolado y mi voz se perdía sin eco en la extensión siniestra.

- ¡No llames, es inútil!

- Pero, ¿por qué esta tortura? ¿Por qué esta crueldad? ¿Por qué se me ha vuelto a la vida, por qué esta maldita razón? ...

- No protestes. ¡Es inútil!

Entonces yo me arrodillé a los pies de aquel raro esqueleto, y le dije sollozando, con toda la sinceridad de mi alma:

- Escuchadme: vamos en pos de Cristo. Invoquemos a Cristo; él es el único que puede salvamos; él no nos abandonará; recemos, señor, recemos; sed piadoso, sed creyente; tal vez por vuestra falta de fe, él no nos escucha. Aunemos nuestra plegaria; creed en Cristo. . .

Y él, con una tristeza infinita, con una desoladora melancolía, con un desencanto indescriptible, inclinó la apesadumbrada cabeza y me dijo estas palabras:

- Hermano mío, Cristo soy yo.

Los huesos se animaban, se animaban, y el sol iba oscureciéndose, fijo en el mismo punto del horizonte...


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Co 15:12 Ahora bien, si se predica que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección?
Tema la Resurreccion Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes.
1Co 15:2 Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.
1Co 15:3 Porque ante todo* les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras,
1Co 15:4 que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras,
1Co 15:5 y que se apareció a Cefas, y luego a los doce.
1Co 15:6 Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos han muerto.
1Co 15:7 Luego se apareció a Jacobo, más tarde a todos los apóstoles,
1Co 15:8 y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí.
Co 15:12 Ahora bien, si se predica que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de ustedes que no hay resurrección?
1Co 15:13 Si no hay resurrección, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado.
1Co 15:14 Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes.
1Co 15:15 Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido, si en verdad los muertos no resucitan.
1Co 15:16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado.
1Co 15:17 Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados.
1Co 15:18 En este caso, también están perdidos los que murieron en Cristo.
1Co 15:19 Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales.
1Co 15:20 Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron.
1Co 15:21 De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos.
Co 15:22 Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir.
1Co 15:23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen.
1Co 15:24 Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder.
1Co 15:25 Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies.
1Co 15:26 El último enemigo que será destruido es la muerte,
1Co 15:27 pues Dios "ha sometido todo a su dominio".* Al decir que "todo" ha quedado sometido a su dominio, es claro que no se incluye a Dios mismo, quien todo lo sometió a Cristo.
1Co 15:28 Y cuando todo le sea sometido, entonces el Hijo mismo se someterá a aquel que le sometió todo, para que Dios sea todo en todos.
1Co 15:29 Si no hay resurrección, ¿qué sacan los que se bautizan por los muertos? Si en definitiva los muertos no resucitan, ¿por qué se bautizan por ellos?
1Co 15:30 Y nosotros, ¿por qué nos exponemos al peligro a todas horas?
1Co 15:31 Que cada día muero, hermanos, es tan cierto como el orgullo que siento por ustedes en Cristo Jesús nuestro Señor.
1Co 15:32 ¿Qué he ganado si, sólo por motivos humanos, en Éfeso luché contra las fieras? Si los muertos no resucitan, "comamos y bebamos, que mañana moriremos".*
1Co 15:33 No se dejen engañar: "Las malas compañías corrompen las buenas costumbres."
1Co 15:34 Vuelvan a su sano juicio, como conviene, y dejen de pecar. En efecto, hay algunos de ustedes que no tienen conocimiento de Dios; para vergüenza de ustedes lo digo.
1Co 15:35 Tal vez alguien pregunte: "¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vendrán?"
1Co 15:36 ¡Qué tontería! Lo que tú siembras no cobra vida a menos que muera.
1Co 15:37 No plantas el cuerpo que luego ha de nacer sino que siembras una simple semilla de trigo o de otro grano.
1Co 15:38 Pero Dios le da el cuerpo que quiso darle, y a cada clase de semilla le da un cuerpo propio.
1Co 15:39 No todos los cuerpos son iguales: hay cuerpos humanos; también los hay de animales terrestres, de aves y de peces.
1Co 15:40 Así mismo hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero el esplendor de los cuerpos celestes es uno, y el de los cuerpos terrestres es otro.
1Co 15:41 Uno es el esplendor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas. Cada estrella tiene su propio brillo.
1Co 15:42 Así sucederá también con la resurrección de los muertos. Lo que se siembra en corrupción, resucita en incorrupción;
1Co 15:43 lo que se siembra en oprobio, resucita en gloria; lo que se siembra en debilidad, resucita en poder;
1Co 15:44 se siembra un cuerpo natural,* resucita un cuerpo espiritual. Si hay un cuerpo natural, también hay un cuerpo espiritual.
1Co 15:45 Así está escrito: "El primer hombre, Adán, fue hecho un ser viviente";* el último Adán, un Espíritu que da vida.
1Co 15:46 No vino primero lo espiritual sino lo natural, y después lo espiritual.
1Co 15:47 El primer hombre era del polvo de la tierra; el segundo hombre, del cielo.
1Co 15:48 Como es aquel hombre terrenal, así son también los de la tierra; y como es el celestial, así son también los del cielo.
1Co 15:49 Y así como hemos llevado la imagen de aquel hombre terrenal, llevaremos* también la imagen del celestial.
1Co 15:50 Les declaro, hermanos, que el cuerpo mortal* no puede heredar el reino de Dios, ni lo corruptible puede heredar lo incorruptible.
1Co 15:51 Fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados,
1Co 15:52 en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados.
1Co 15:53 Porque lo corruptible tiene que vestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad.
1Co 15:54 Cuando lo corruptible se vista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: "La muerte ha sido devorada por la victoria."*
1Co 15:55 "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?"*
1Co 15:56 El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley.
1Co 15:57 ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!
1Co 15:58 Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano.

Arturo Mustango dijo...

No es que tenga el ánimo de dar la contra pero si te pones a pensar eso de la Biblia en realidad es una religión estranjera que nos dominó o casi nos domina aquí segumos creyendo en los cerros(Gualamita, señor de los Milagros, Señor de Muruhuay, la cruz de Motupe) y no hay Corintios o Efesos que valgan habida cuenta de que son unos metirosos, dime tu crees que la Virgen existió, dime que no era un cuento prestado de los Babilionios o Medos o que yendo mas atrás la saga de Moisés no fué prestada de los Asirios.