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sábado, 21 de septiembre de 2013

Robert Walser - Caminante sin Camino





«Así pues todo, todo, toda esta rica vida, los amables y sentenciosos colores, este encanto, esta alegría y este placer de vivir, todas estas humanas importancias, familia, amigo y amante, esta clara y tierna luz llena de bellas y divinas imágenes, las casas paternas y maternas y los dulces y suaves caminos perecerán un dia y morirán, el sol, la luna, los corazones y los ojos de los hombres.» Pensé largo tiempo en ello, y pedí perdón en silencio a las personas que quizá pude haber hecho daño.


Durante largo tiempo me sumí en inconcretos pensamientos, hasta que volvi a pensar en la muchacha, tan hermosa y llena de juvenil frescura, que tenia unos ojos tan dulces, buenos y puros... cómo hace cierto tiempo le pregunte algo, cómo bajo los ojos en la duda y en la incredulidad, y después, cómo dijo 'No'cuando le pregunté si creía en mi amor sincero, mi cariño, entrega y ternura. Las circunstancias le habían ordenado viajar, y partió. Quizá hubiera podido convencerla a tiempo de que tenia buenas intenciones, de que su querida persona me era importante, y de que por muchos hermosos motivos quería hacerla feliz, y con ello a mi mismo; pero no me esforcé más, y ella partió. ¿Para qué entonces las flores? «¿Recogía flores para depositarlas sobre mi desdicha?», me pregunté, y el ramo cayó de mis manos.



Me habia levantado para irme a casa; porque ya era tarde, y todo estaba oscuro.
'



El Paseo, 1918




-Hace tanto tiempo que no me identificaba tanto con un texto, como me ha pasado con este que transcribo aqui, esta noche-



lunes, 12 de noviembre de 2007

Vida de Poeta - En el asunto del amor, todo fracaso es casi una dicha...

La Carta

Llevando en el bolsillo una carta que acababa de traerme el cartero y aún no me había atrevido a abrir, empecé a subir, con pasos circunspectos, hacia el bosque que coronaba la colina. El día parecía un gracioso príncipe vestido de azul. Todo alrededor gorjeaba, verdeaba, florecía y perfumaba. El mundo parecía haber sido creado sólo para la ternura, la amistad y el amor. El cielo azul se asemejaba a un ojo benigno, el tierno viento, a una caricia. El bosque tan pronto se hacía más denso y oscuro como volvía a clarear, y el verde era tan joven, tan dulce. De pronto me detuve en un camino limpio, amarillento, saqué la carta, rompí el sobre y leí lo siguiente:

«Aquélla que se siente obligada a decirle que su carta le causó más estupor que alegría, no desea que vuelva usted a escribirle; se asombra de que haya encontrado valor para acercársela tanto, y espera que esa especie de osadía, valentía e irreflexión no vuelvan a repetirse jamás. ¿Le ha dado acaso algún indicio que pudiese interpretarse como deseo de averiguar lo que usted siente por ella? No estando en absoluto interesada, los secretos de su corazón la dejan completamente fría; no tiene comprensión alguna por las efusiones de un amor que le es indiferente, por eso le ruega tenga a bien recapacitar en lo importante que sería para usted guardar una prudente distancia ante la remitente de esta carta. En las relaciones llamadas a permanecer exclusivamente dentro de los límites de la respetabilidad, cualquier pasionalismo habrá de estar, como usted mismo podrá ver, prohibido».

Doblé lentamente aquella carta de tan triste y desalentador contenido, y al hacerlo exclamé: «¡Qué buena, dulce y amable eres tú, naturaleza! ¡Qué bellos son tu tierra, tus praderas y tus bosques! ¡Dios del cielo, qué crueles son tus hombres!»

Estaba conmovido, y el bosque nunca me había parecido tan hermoso.


Robert Walser Vida de poeta, 1918